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Mon Jul 11
VIDEO CLIP DE PARÍS: La Boheme
Charles Aznavour

Y claro, si quiero empaparme musicalmente de París, es obligatorio escuchar a Aznavour.

La Bohème (1966), que Charles Aznavour ( o en el armenio de sus padres Varenagh Aznavourian) escribió con Jacques Plante es con toda seguridad su canción más popularizada y reconocida y una de las baladas más populares de la Chanson francesa. 

Es una canción seductora y nostalgia, un himno al desencanto del pasado. Rememora los tiempos duros de los artistas, el hambre y las penurias, y al mismo tiempo la autenticidad de las ganas de vivir, la ilusión por conocer y experimentar. Es una canción además que no puede ser desligada de su intérprete, ya que la riqueza de su letra no puede dejar de ser acompañada de la interpretación dramática, como un pintor que dibuja el boceto de la historia en un lienzo imaginario con sus trazos elocuentes.

Además de haber sido traducida a muchos idiomas (por el propio Aznavour, véase la versión en español) es recomendable para los curiosos que exploren una versión fado grabada por Mafalda Arnauth en 2005 y podéis ver pinchando aquí

Paris, la Tour
Desde luego, Paris bien vale una misa… o al menos una pequeño viaje hoy en día para aproximarse. 
No podría decir nada de esta ciudad sin comenzar por su famosa Torre. Siempre me ha parecido una buena ilustración de algunas contradicciones del orgullo del pueblo francés. Por supuesto, denostada en su inicio y rechazada por todos es hoy orgulloso símbolo nacional y desde luego atracción para las masas de turistas. 
Aunque lleve el apellido de Gustave Eiffel, sepan ustedes que no fue una idea suya, si no de dos ingenieros de su empresa (Eiffel & CO): Maurice Koechlin (quien participó también el diseño del interior de la estatua de la libertad de Nueva York) y Émile Nouguier. Imaginémonos el final del siglo XIX, en el apogeo de la época victoriana inglesa y de la tercera república francesa. A pesar de la inestabilidad políticos comienza a implantarse la escuela obligatoria, la libertad de prensa, laicidad… y dejará como consecuencia “la cuestión social” o el malestar de todas las clases producto del progreso material junto con la caída de los principios ético-sociales, con el consabido enfrentamiento entre clases… Es una época en que se presta especial atención a los progresos técnicos, con una gran fe en los beneficios de la ciencia y aquí surgen las famosas exposiciones universales, que comienza en Londres (Great Exhibition of the Works of Industry of All Nations, 1851) y en las que el anfitrión se dedica a mostrar su adelanto superioridad respecto a otros países. Francia le cogió gusto porque repitió en 1855, 1867, 1878 y por supuesto 1889, celebrando el centenario de la revolución francesa. 
En 1884, recién decidida la nueva exposición a Koechlin y Nouguier imaginan una torre metálica de 300 metros destinada a ser el centro de atención de la exposición y aunque Gustave Eiffel dice no estar interesado en el proyecto, les permite continuar. Es Stephen Sauvestre quien dibuja una versión con un gran pie de mampostería y reduce las plataformas a dos. Este proyecto le debió agradar más a Eiffel, quien registra la patente con Koechlin y Nouguier y les compra los derechos y se dedica a emplear toda su energía en convencer a gobernantes, al público y en invertir dinero en su construcción. 
250 trabajadores construyeron pieza a pieza la torre,  a partir de 5300 dibujos del ensamble, 18038 piezas de hierro y 2500000 remaches (de los cuales más de la mitad se realizaron en las fábricas de Eiffel en Levallois-Perret) y tardaron 2 años y dos meses (sólo hubo un retraso de 1 año y dos meses, es lo que tiene comprar sobre plano…), con dos huelgas entre medio (Eiffel se negó a pagar “por alturas, ya que argumentaba que el peligro era evidentemente el mismo a 50 metros y a 200 metros de altura) y sin ningún accidente mortal (Bueno, murió uno en domingo haciendo equilibrios para enseñarle a su novia según dicen). Tanta pieza le dio el nombre de “Meccano gigante”.
Construido ya este llamado “monstruo de acero” se convirtió en el edificio más alto del mundo (hasta que fue superada por el edifico Chrisler de Nueva York en 1930) y de 32 millones de asistentes a la exposición sólo subieron 2 millones (los 28922 de la primera semana además lo hicieron a pie porque aún no funcionaban los ascensores). Tras la exposición pierde mucho interés a pesar de bajar el precio de las entradas, y de la nueva exposición en París de 1900, haciendo peligrar la subsistencia de la torre y volviendo los rumores de desensamblaje…
Pero 1898 Eiffel financia un proyecto en el que se instala una antena en la torre para comunicación telegráfica sin hilo que en el siglo XX dará lugar a la emisión de radio y televisión. Su altura supuso una gran ventaja en la emisiis, tras los 60 y con el boom del turismomo ya sabn nstala una antena para comunicaci0) y de 32 millones de asistentes a la expoón recepción y espionaje de mensajes en la primera y también en la segunda guerra mundial, lo cual además de garantizar su supervivencia afianzó su mejor imagen y en 1924 es declarada monumento nacional y en 1987 patrimonio de la humanidad. Como ya sabéis, tras los 60 y con el boom del turismo internacional será ya un símbolo nacional, pasando de 6 millones de visitas anuales (van unos 236 millones de visitas). 
Sobrevivió al desprecio, sobrevivió a dos guerras mundiales, incluyendo un incendio provocado por las autoridades alemanas en 1994 y parece que soporta mucho más que bien las hordas de turistas hoy en día que se agolpan los primeros minutos de cada hora para ver el espectáculo de luces que produce. 
Una curiosidad: la altura de la torre es de 324 metros, pero como es metálica los cambios de temperatura varían esta altura unos 12 centímetros según el tiempo.
 

Desde luego, Paris bien vale una misa… o al menos una pequeño viaje hoy en día para aproximarse.

No podría decir nada de esta ciudad sin comenzar por su famosa Torre. Siempre me ha parecido una buena ilustración de algunas contradicciones del orgullo del pueblo francés. Por supuesto, denostada en su inicio y rechazada por todos es hoy orgulloso símbolo nacional y desde luego atracción para las masas de turistas.

Aunque lleve el apellido de Gustave Eiffel, sepan ustedes que no fue una idea suya, si no de dos ingenieros de su empresa (Eiffel & CO): Maurice Koechlin (quien participó también el diseño del interior de la estatua de la libertad de Nueva York) y Émile Nouguier. Imaginémonos el final del siglo XIX, en el apogeo de la época victoriana inglesa y de la tercera república francesa. A pesar de la inestabilidad políticos comienza a implantarse la escuela obligatoria, la libertad de prensa, laicidad… y dejará como consecuencia “la cuestión social” o el malestar de todas las clases producto del progreso material junto con la caída de los principios ético-sociales, con el consabido enfrentamiento entre clases… Es una época en que se presta especial atención a los progresos técnicos, con una gran fe en los beneficios de la ciencia y aquí surgen las famosas exposiciones universales, que comienza en Londres (Great Exhibition of the Works of Industry of All Nations, 1851) y en las que el anfitrión se dedica a mostrar su adelanto superioridad respecto a otros países. Francia le cogió gusto porque repitió en 1855, 1867, 1878 y por supuesto 1889, celebrando el centenario de la revolución francesa.

En 1884, recién decidida la nueva exposición a Koechlin y Nouguier imaginan una torre metálica de 300 metros destinada a ser el centro de atención de la exposición y aunque Gustave Eiffel dice no estar interesado en el proyecto, les permite continuar. Es Stephen Sauvestre quien dibuja una versión con un gran pie de mampostería y reduce las plataformas a dos. Este proyecto le debió agradar más a Eiffel, quien registra la patente con Koechlin y Nouguier y les compra los derechos y se dedica a emplear toda su energía en convencer a gobernantes, al público y en invertir dinero en su construcción.

250 trabajadores construyeron pieza a pieza la torre,  a partir de 5300 dibujos del ensamble, 18038 piezas de hierro y 2500000 remaches (de los cuales más de la mitad se realizaron en las fábricas de Eiffel en Levallois-Perret) y tardaron 2 años y dos meses (sólo hubo un retraso de 1 año y dos meses, es lo que tiene comprar sobre plano…), con dos huelgas entre medio (Eiffel se negó a pagar “por alturas, ya que argumentaba que el peligro era evidentemente el mismo a 50 metros y a 200 metros de altura) y sin ningún accidente mortal (Bueno, murió uno en domingo haciendo equilibrios para enseñarle a su novia según dicen). Tanta pieza le dio el nombre de “Meccano gigante”.

Construido ya este llamado “monstruo de acero” se convirtió en el edificio más alto del mundo (hasta que fue superada por el edifico Chrisler de Nueva York en 1930) y de 32 millones de asistentes a la exposición sólo subieron 2 millones (los 28922 de la primera semana además lo hicieron a pie porque aún no funcionaban los ascensores). Tras la exposición pierde mucho interés a pesar de bajar el precio de las entradas, y de la nueva exposición en París de 1900, haciendo peligrar la subsistencia de la torre y volviendo los rumores de desensamblaje…

Pero 1898 Eiffel financia un proyecto en el que se instala una antena en la torre para comunicación telegráfica sin hilo que en el siglo XX dará lugar a la emisión de radio y televisión. Su altura supuso una gran ventaja en la emisiis, tras los 60 y con el boom del turismomo ya sabn nstala una antena para comunicaci0) y de 32 millones de asistentes a la expoón recepción y espionaje de mensajes en la primera y también en la segunda guerra mundial, lo cual además de garantizar su supervivencia afianzó su mejor imagen y en 1924 es declarada monumento nacional y en 1987 patrimonio de la humanidad. Como ya sabéis, tras los 60 y con el boom del turismo internacional será ya un símbolo nacional, pasando de 6 millones de visitas anuales (van unos 236 millones de visitas).

Sobrevivió al desprecio, sobrevivió a dos guerras mundiales, incluyendo un incendio provocado por las autoridades alemanas en 1994 y parece que soporta mucho más que bien las hordas de turistas hoy en día que se agolpan los primeros minutos de cada hora para ver el espectáculo de luces que produce.

Una curiosidad: la altura de la torre es de 324 metros, pero como es metálica los cambios de temperatura varían esta altura unos 12 centímetros según el tiempo.

 

Mon May 9
PRIMAVERA Primaveras

La primavera es un buen momento para renacer después del largo invierno…

La primavera comienza con las flores que anuncian su llegada y en estas latitudes las primeras son las que llevan el nombre de la estación, las primaveras o prímulas vulgaris (o en inglés, primrose, “primera rosa”). Es la version europea de las primaveras que plantamos en nuestros jardines, que provienen de Asia. Aquí y en casi toda europa sus flores son amarillo pálido, pero en Baleares son blancas y en Balcanes y el suroeste asiático rosas rojas o blancas.

Como curiosidad, aunque personalmente no la he usado nunca, parece ser que tiene algunas propiedades “medicinales”, como calmante (las flores), expectorante (la raíz), diurético y laxante. Además, las semillas son ricas en ácidos grasos esenciales como el linoleico y gamma-linoleico.

Desde luego, yo me quedo con la visión del vivo amarillo de sus flores cubriendo los márgenes de ríos y caminos, anunciando que los hielos del invierno ya se acaban…

Thu Aug 19
Castañuelas
Incluso en épocas de crisis (no sóño para este blog…) el verano es también tiempo de fiestas… Y ahora que parece que por fin parece que se se va a acabar eso de los toros (menos los de correr delante de ellos tras prender fuego a la osamenta… quien sabe) quizás convendría buscar otro símbolo nacional un poco menos violento. Hace muchos años, cuando aún ni se pensaba que podría entrarse en la crisis anterior por falta de dinero, ya decían que este era un país de pandereta y castañuela… como si fuese cualquier cosa… Pensando esto me he acordado que yo empecé el blog con una foto de panderetas… Así que hoy castañuelas.
No es un mal símbolo español si hay que cerrar las plazas de toros, porque es cierto que este sencillo (por decir algo) instrumento musical se identifica con España y aunque casi automáticamente transporta nuestra imaginación a las batas de cola, al flamenco, al sur y a andalucia, lo cierto es que es que está extendido por toda la península y en prácticamente toda la tradición, encontrando en el norte otros nombres como Tarrañulias o Tarrañuelas (y en el sur palillos). Como casi todo ·lo nuestro, no lo hemos inventado, claro, parece ser que nos lo dejaron en sus ventas e intercambios del Mediterráneo los Fenicios y datan de hace unos 3000 años y todavía quedan restos de su uso por Grecia, la extinta Yugoslavia y Croacia, pero parece ser que a persistentes con esto de golpear las castañuelas el día de fiesta no nos ganan. Como curiosidad para tan modesto instrumento, hay que decir que el grandísimo Wagner incluyó en su obertura Venusberg en Tannhauser nuestro pequeño pero glorioso instrumento… Algo tendrá.

Incluso en épocas de crisis (no sóño para este blog…) el verano es también tiempo de fiestas… Y ahora que parece que por fin parece que se se va a acabar eso de los toros (menos los de correr delante de ellos tras prender fuego a la osamenta… quien sabe) quizás convendría buscar otro símbolo nacional un poco menos violento. Hace muchos años, cuando aún ni se pensaba que podría entrarse en la crisis anterior por falta de dinero, ya decían que este era un país de pandereta y castañuela… como si fuese cualquier cosa… Pensando esto me he acordado que yo empecé el blog con una foto de panderetas… Así que hoy castañuelas.

No es un mal símbolo español si hay que cerrar las plazas de toros, porque es cierto que este sencillo (por decir algo) instrumento musical se identifica con España y aunque casi automáticamente transporta nuestra imaginación a las batas de cola, al flamenco, al sur y a andalucia, lo cierto es que es que está extendido por toda la península y en prácticamente toda la tradición, encontrando en el norte otros nombres como Tarrañulias o Tarrañuelas (y en el sur palillos). Como casi todo ·lo nuestro, no lo hemos inventado, claro, parece ser que nos lo dejaron en sus ventas e intercambios del Mediterráneo los Fenicios y datan de hace unos 3000 años y todavía quedan restos de su uso por Grecia, la extinta Yugoslavia y Croacia, pero parece ser que a persistentes con esto de golpear las castañuelas el día de fiesta no nos ganan. Como curiosidad para tan modesto instrumento, hay que decir que el grandísimo Wagner incluyó en su obertura Venusberg en Tannhauser nuestro pequeño pero glorioso instrumento… Algo tendrá.


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