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Mon Dec 1
El Videoclip de ESTA Semana:
TAKE THIS WALTZ. Leonard Cohen.

Esta semana el videoclip es muy especial. No sólo porque repito autor por tercera vez. Hoy es un día muy especial y quiero dedicarle este video a la persona más especial, ya sabe que esta canción es muy especial para ambos y la mayor parte de los grandes visitadores del blog tambien lo sabrán, así que sobra redundar… Solo faltaba poner el video original que es un poco rarillo al ser del año 1986

Para quien no lo sepa, la letra es una adaptación un tanto libre de Cohen de un poema de Federico García Lorca titulado “Pequeño Vals Vienés”, que supuestamente llevaría el ritmo del vals. Y para demostrarlo, os pongo aquí debajo la versión Lorquiana original:

En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.

Este vals, este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.

Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.

En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados,
hay frescas guirnaldas de llanto.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.

Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals, este vals del “Te quiero siempre”.

En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orillas tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.

Escucharlo es maravilloso, pero bailarlo… baillarlo con quien más deseas, ¿verdad amor mío?… eso es sublime. Hoy es un gran día.

El Mundo que nos Rodea:
Cerraduras
En ocasiones camino por las carreteras de mi pueblo. A veces hago senderismo. Otras veces me dirijo a remotos pueblos donde aislarme del mundanal ruido. Y es muy frecuente que em encuentre imágenes como esta. A veces comento esto con conocidos o he realizado alguna foto y algunos consideran inmediatamente el hecho repudiante o que afea el paisaje. Sin embargo, no estoy seguro. Por un lado la estética no es tan horrible, según el parámetro que se aplique, ya sabéis, solo hay que ponerse un poco postmoderno, naïve o yo que sé, ways o como queráis, para verle el lado fermoso. Y por otro, si lo pienso bien, no deja de ser el verdadero reciclaje. ¿Para que puñetas querria yo un somier que se hunde en un pueblo en las quimbambas si el chatarrero ya no da casi nada por ellos? ¿Merece la pena derribar árboles para suplir este trabajo?… total, los árboles con el tiempo se pudren…
Esto es reciclar y no lo del carrefour que le dedica “una parte del dinero a las ong” ¿y qué parte si se puede saber?…

En ocasiones camino por las carreteras de mi pueblo. A veces hago senderismo. Otras veces me dirijo a remotos pueblos donde aislarme del mundanal ruido. Y es muy frecuente que em encuentre imágenes como esta. A veces comento esto con conocidos o he realizado alguna foto y algunos consideran inmediatamente el hecho repudiante o que afea el paisaje. Sin embargo, no estoy seguro. Por un lado la estética no es tan horrible, según el parámetro que se aplique, ya sabéis, solo hay que ponerse un poco postmoderno, naïve o yo que sé, ways o como queráis, para verle el lado fermoso. Y por otro, si lo pienso bien, no deja de ser el verdadero reciclaje. ¿Para que puñetas querria yo un somier que se hunde en un pueblo en las quimbambas si el chatarrero ya no da casi nada por ellos? ¿Merece la pena derribar árboles para suplir este trabajo?… total, los árboles con el tiempo se pudren…

Esto es reciclar y no lo del carrefour que le dedica “una parte del dinero a las ong” ¿y qué parte si se puede saber?…

Tierra de Campos I. La muralla de Urueña
Aquí comienza ¡Por fin! mi viaje de este verano a la tierra de campos y otros lugares.
Os presento la grandiosa muralla que rodea al pueblo de Urueña. Este no es otro que el lugar que a mí, hombretón del norte, me reconcilió con las secas tierras de castilla. Urueña es un maravilloso lugar que se sitúa en la provincia de Valladolid, desviandose en la autovía que va de Tordesillas hacia Benavente, a unos 50 minutos de Valladolid y una hora y cuarto de Salamanca.
El pueblito es muy antiguo y ya los romanos debieron pasar por aquí por aquí hacia el año 1 antes de Cristo, así lo atestiguan resto de una calzada Palencia-Zamora, pero el origen cristiano es del siglo X y su importancia nace en el siglo XII, de donde data la mayor parte de lo que se puede ver, incluída la muralla (XII y XIII), siendo cabeza del infantado de Valladolid en tiempos de Sancho II y después de doña Urraca. Aquí habitaron individuos como Maria de Padilla, la amante de Pedro I el cruel y estuvo prisionero Pedro Vélez, por ser sorprendido en posición no muy pudorosa con una prima de Sancho III el deseado como se relató aquí:
que el conde don Pero Vélez
en el palacio fue hallado
con una prima carnal
del rey Sancho el Deseado
las calzas a la rodilla
y el jubón desabrochado…
Haceos a una idea.
El pueblo está muy conservado arcquitectónicamente y tiene más de una sorpresa cultural y gastronómica para el visitante. Durante unas semanas, deseo invitaros a que em acompañéis en mi introducción personal a mis intereses particulares. De momento, os muestro mi primera impresión de la muralla y su puerta sur, el Arco de la Villa, más desprotegida desde un punto de vista arquitectónico pero que cae geográficamente en el punto más abrupto hacia el valle.
Preparaos para cruzar…

Aquí comienza ¡Por fin! mi viaje de este verano a la tierra de campos y otros lugares.

Os presento la grandiosa muralla que rodea al pueblo de Urueña. Este no es otro que el lugar que a mí, hombretón del norte, me reconcilió con las secas tierras de castilla. Urueña es un maravilloso lugar que se sitúa en la provincia de Valladolid, desviandose en la autovía que va de Tordesillas hacia Benavente, a unos 50 minutos de Valladolid y una hora y cuarto de Salamanca.

El pueblito es muy antiguo y ya los romanos debieron pasar por aquí por aquí hacia el año 1 antes de Cristo, así lo atestiguan resto de una calzada Palencia-Zamora, pero el origen cristiano es del siglo X y su importancia nace en el siglo XII, de donde data la mayor parte de lo que se puede ver, incluída la muralla (XII y XIII), siendo cabeza del infantado de Valladolid en tiempos de Sancho II y después de doña Urraca. Aquí habitaron individuos como Maria de Padilla, la amante de Pedro I el cruel y estuvo prisionero Pedro Vélez, por ser sorprendido en posición no muy pudorosa con una prima de Sancho III el deseado como se relató aquí:

que el conde don Pero Vélez

en el palacio fue hallado

con una prima carnal

del rey Sancho el Deseado

las calzas a la rodilla

y el jubón desabrochado…

Haceos a una idea.

El pueblo está muy conservado arcquitectónicamente y tiene más de una sorpresa cultural y gastronómica para el visitante. Durante unas semanas, deseo invitaros a que em acompañéis en mi introducción personal a mis intereses particulares. De momento, os muestro mi primera impresión de la muralla y su puerta sur, el Arco de la Villa, más desprotegida desde un punto de vista arquitectónico pero que cae geográficamente en el punto más abrupto hacia el valle.

Preparaos para cruzar…

Sun Nov 16
Videoclip de ESTA semana:
THE EYE OF THE TIGER. Survivors.

Esta semana una canción de coraje. Aún recuerdo tener un armatoste de reproductor de cassetes donde ponía la grabación de esta banda sonora por las noches. Yo debo reconocer que en su momento la película me aburrió bastante porque el boxeo en si mismo me repelía bastante, pero la banda sonora me parecía algo glorioso.

La canción es del grupo americano Survivor, que la grabó a petición de Sylvester Stallone para Rocky III y la lanzó en su disco titulado igual que la canción “The eye of the Tiger” en 1981. Es una canción estupenda para salir a correr, incluso si no partes leña en la nieve o si no te pones a subir escalones como un loco y habla de los sueños del pasado y la pasión de la gloria, de la lucha y del desafío, de la mirada del tigre, esa es la mirada que mickey, su entrenador, le dice a rocky que tiene. En la versión de la película (no en la del disco) se incluye un rugido de tigre muy sugerente.

Rugid mis felinos…

Sat Nov 15
Crujeinstantes: El Amigo Zorro
Algunas veces paseo por las montañas, y desde hace dos años es frecuente que en este prado, en el mismo lugar casi siempre me encuentro con este personaje. Si no me muevo demasiado puedo estar observándolo todo el tiempo que quiera. Pero es curioso, incluso aunque me mueva, él levanta la cabeza me mira a los ojos, calcula la distancia y si esta es segura, continua un rato con lo suyo, escarbando el suelo, buscando su presa. En ese rato yo rememoro muchas historias acerca de los zorros. Cuando yo era muy pequeño, recuerdo que el zorro era para mí un animal casi mitológico, yo dudaba de su existencia porque nunca había visto ninguno, porque aunque vivía en un pequeño pueblo en la granja de mis abuelos, como no me alejaba a aquella edad solo de la casa, no tenía la oportunidad. Mi abuela contaba historias terribles acerca de la maldad de estos animales, su espíritu rufián, su capacidad para entrar en los gallineros por cualquier resquicio, su ansia por matar sin hambre, su manía de enterrar las presas que luego se pudrían y al final nunca aprovechaban. Eso los convertía en seres incluso más odiados que los propios lobos, otras víctimas del odio campesino. Lo cierto es que nunca me tragué las historias ni creí del todo que pudiera haber siquiera semejante animal.
Recuerdo la primera vez que vi uno. Mi padre era camionero y yo iba con él por la noche, juraría que bajábamos el puerto del escudo por la noche. En ese momento un majestuoso zorro con su enorme cola roja nos salio al paso y se detuvo un instante a mirarnos en el borde de la carretera. Yo tenía cuatro o cinco años y estuve comentándolo durante dos semanas. No hacía más que decir: “Un chorro, era un chorro, y el chorro tenia una cola muy grande y nos miraba”. Fue algo iniciático.
Pero la historia que siempre recuerdo cuando veo a este animal que he fotografiado es la de “El amigo zorro”. Conocí a este hombre hace ahora unos 3 o cuatro años. Tenía algo menos de 60 años y estaba bastante enfermo. Era un hombre del valle del Pas de los de toda la vida y estaba agotado, confinado en su habitación. Solíamos visitarlo a diario y nos contaba historias de su juventud. Era un gran conocedor de los montes del Pas e incluso había escrito algunas líneas para revistas de campo. Puesto que ahora no podía llegar hasta sus amados montes, lo animamos a escribir de nuevo. Así, de vez en cuando tenía preparadas algunas pequeñas historias de los seres que habitan las montañas. Mis favoritas fueron las de los zorros y me llamó la atención su afirmación sobre la existencia de “perros-zorro”. Nuestro buen amigo aseguraba que algunos zorros se apareaban a veces con perras del valle y era posible ver ejemplares de caracteres intermedios. Siempre me quedé con la duda, pero puede ser, ya que los zorros son cánidos. Lo cierto es que todas estas historias le hicieron ganarse el apodo que le pusimos: “El Amigo Zorro”. Como dije solíamos verlo a diario. Pero un día no pudimos, cuando fuimos al día siguiente acababa de fallecer. Siempre pensé que si hubiese alguna forma de continuidad tras la muerte para nuestro amigo sería en los montes que tanto amaba.
Y cada vez que veo a este zorro, que estoy convencido de que es siempre el mismo, en el mismo lugar, que nunca atrapan, me acuerdo de nuestro amigo. Siempre nos miramos un rato y cuando decide irse, siempre le digo:
Corre Amigo Zorro, corre…
Algunas veces paseo por las montañas, y desde hace dos años es frecuente que en este prado, en el mismo lugar casi siempre me encuentro con este personaje. Si no me muevo demasiado puedo estar observándolo todo el tiempo que quiera. Pero es curioso, incluso aunque me mueva, él levanta la cabeza me mira a los ojos, calcula la distancia y si esta es segura, continua un rato con lo suyo, escarbando el suelo, buscando su presa. En ese rato yo rememoro muchas historias acerca de los zorros. Cuando yo era muy pequeño, recuerdo que el zorro era para mí un animal casi mitológico, yo dudaba de su existencia porque nunca había visto ninguno, porque aunque vivía en un pequeño pueblo en la granja de mis abuelos, como no me alejaba a aquella edad solo de la casa, no tenía la oportunidad. Mi abuela contaba historias terribles acerca de la maldad de estos animales, su espíritu rufián, su capacidad para entrar en los gallineros por cualquier resquicio, su ansia por matar sin hambre, su manía de enterrar las presas que luego se pudrían y al final nunca aprovechaban. Eso los convertía en seres incluso más odiados que los propios lobos, otras víctimas del odio campesino. Lo cierto es que nunca me tragué las historias ni creí del todo que pudiera haber siquiera semejante animal.

Recuerdo la primera vez que vi uno. Mi padre era camionero y yo iba con él por la noche, juraría que bajábamos el puerto del escudo por la noche. En ese momento un majestuoso zorro con su enorme cola roja nos salio al paso y se detuvo un instante a mirarnos en el borde de la carretera. Yo tenía cuatro o cinco años y estuve comentándolo durante dos semanas. No hacía más que decir: “Un chorro, era un chorro, y el chorro tenia una cola muy grande y nos miraba”. Fue algo iniciático.

Pero la historia que siempre recuerdo cuando veo a este animal que he fotografiado es la de “El amigo zorro”. Conocí a este hombre hace ahora unos 3 o cuatro años. Tenía algo menos de 60 años y estaba bastante enfermo. Era un hombre del valle del Pas de los de toda la vida y estaba agotado, confinado en su habitación. Solíamos visitarlo a diario y nos contaba historias de su juventud. Era un gran conocedor de los montes del Pas e incluso había escrito algunas líneas para revistas de campo. Puesto que ahora no podía llegar hasta sus amados montes, lo animamos a escribir de nuevo. Así, de vez en cuando tenía preparadas algunas pequeñas historias de los seres que habitan las montañas. Mis favoritas fueron las de los zorros y me llamó la atención su afirmación sobre la existencia de “perros-zorro”. Nuestro buen amigo aseguraba que algunos zorros se apareaban a veces con perras del valle y era posible ver ejemplares de caracteres intermedios. Siempre me quedé con la duda, pero puede ser, ya que los zorros son cánidos. Lo cierto es que todas estas historias le hicieron ganarse el apodo que le pusimos: “El Amigo Zorro”. Como dije solíamos verlo a diario. Pero un día no pudimos, cuando fuimos al día siguiente acababa de fallecer. Siempre pensé que si hubiese alguna forma de continuidad tras la muerte para nuestro amigo sería en los montes que tanto amaba.

Y cada vez que veo a este zorro, que estoy convencido de que es siempre el mismo, en el mismo lugar, que nunca atrapan, me acuerdo de nuestro amigo. Siempre nos miramos un rato y cuando decide irse, siempre le digo:

Corre Amigo Zorro, corre…


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