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Mon Jul 11
Desde luego, Paris bien vale una misa… o al menos una pequeño viaje hoy en día para aproximarse. 
No podría decir nada de esta ciudad sin comenzar por su famosa Torre. Siempre me ha parecido una buena ilustración de algunas contradicciones del orgullo del pueblo francés. Por supuesto, denostada en su inicio y rechazada por todos es hoy orgulloso símbolo nacional y desde luego atracción para las masas de turistas. 
Aunque lleve el apellido de Gustave Eiffel, sepan ustedes que no fue una idea suya, si no de dos ingenieros de su empresa (Eiffel & CO): Maurice Koechlin (quien participó también el diseño del interior de la estatua de la libertad de Nueva York) y Émile Nouguier. Imaginémonos el final del siglo XIX, en el apogeo de la época victoriana inglesa y de la tercera república francesa. A pesar de la inestabilidad políticos comienza a implantarse la escuela obligatoria, la libertad de prensa, laicidad… y dejará como consecuencia “la cuestión social” o el malestar de todas las clases producto del progreso material junto con la caída de los principios ético-sociales, con el consabido enfrentamiento entre clases… Es una época en que se presta especial atención a los progresos técnicos, con una gran fe en los beneficios de la ciencia y aquí surgen las famosas exposiciones universales, que comienza en Londres (Great Exhibition of the Works of Industry of All Nations, 1851) y en las que el anfitrión se dedica a mostrar su adelanto superioridad respecto a otros países. Francia le cogió gusto porque repitió en 1855, 1867, 1878 y por supuesto 1889, celebrando el centenario de la revolución francesa. 
En 1884, recién decidida la nueva exposición a Koechlin y Nouguier imaginan una torre metálica de 300 metros destinada a ser el centro de atención de la exposición y aunque Gustave Eiffel dice no estar interesado en el proyecto, les permite continuar. Es Stephen Sauvestre quien dibuja una versión con un gran pie de mampostería y reduce las plataformas a dos. Este proyecto le debió agradar más a Eiffel, quien registra la patente con Koechlin y Nouguier y les compra los derechos y se dedica a emplear toda su energía en convencer a gobernantes, al público y en invertir dinero en su construcción. 
250 trabajadores construyeron pieza a pieza la torre,  a partir de 5300 dibujos del ensamble, 18038 piezas de hierro y 2500000 remaches (de los cuales más de la mitad se realizaron en las fábricas de Eiffel en Levallois-Perret) y tardaron 2 años y dos meses (sólo hubo un retraso de 1 año y dos meses, es lo que tiene comprar sobre plano…), con dos huelgas entre medio (Eiffel se negó a pagar “por alturas, ya que argumentaba que el peligro era evidentemente el mismo a 50 metros y a 200 metros de altura) y sin ningún accidente mortal (Bueno, murió uno en domingo haciendo equilibrios para enseñarle a su novia según dicen). Tanta pieza le dio el nombre de “Meccano gigante”.
Construido ya este llamado “monstruo de acero” se convirtió en el edificio más alto del mundo (hasta que fue superada por el edifico Chrisler de Nueva York en 1930) y de 32 millones de asistentes a la exposición sólo subieron 2 millones (los 28922 de la primera semana además lo hicieron a pie porque aún no funcionaban los ascensores). Tras la exposición pierde mucho interés a pesar de bajar el precio de las entradas, y de la nueva exposición en París de 1900, haciendo peligrar la subsistencia de la torre y volviendo los rumores de desensamblaje…
Pero 1898 Eiffel financia un proyecto en el que se instala una antena en la torre para comunicación telegráfica sin hilo que en el siglo XX dará lugar a la emisión de radio y televisión. Su altura supuso una gran ventaja en la emisiis, tras los 60 y con el boom del turismomo ya sabn nstala una antena para comunicaci0) y de 32 millones de asistentes a la expoón recepción y espionaje de mensajes en la primera y también en la segunda guerra mundial, lo cual además de garantizar su supervivencia afianzó su mejor imagen y en 1924 es declarada monumento nacional y en 1987 patrimonio de la humanidad. Como ya sabéis, tras los 60 y con el boom del turismo internacional será ya un símbolo nacional, pasando de 6 millones de visitas anuales (van unos 236 millones de visitas). 
Sobrevivió al desprecio, sobrevivió a dos guerras mundiales, incluyendo un incendio provocado por las autoridades alemanas en 1994 y parece que soporta mucho más que bien las hordas de turistas hoy en día que se agolpan los primeros minutos de cada hora para ver el espectáculo de luces que produce. 
Una curiosidad: la altura de la torre es de 324 metros, pero como es metálica los cambios de temperatura varían esta altura unos 12 centímetros según el tiempo.
 

Desde luego, Paris bien vale una misa… o al menos una pequeño viaje hoy en día para aproximarse.

No podría decir nada de esta ciudad sin comenzar por su famosa Torre. Siempre me ha parecido una buena ilustración de algunas contradicciones del orgullo del pueblo francés. Por supuesto, denostada en su inicio y rechazada por todos es hoy orgulloso símbolo nacional y desde luego atracción para las masas de turistas.

Aunque lleve el apellido de Gustave Eiffel, sepan ustedes que no fue una idea suya, si no de dos ingenieros de su empresa (Eiffel & CO): Maurice Koechlin (quien participó también el diseño del interior de la estatua de la libertad de Nueva York) y Émile Nouguier. Imaginémonos el final del siglo XIX, en el apogeo de la época victoriana inglesa y de la tercera república francesa. A pesar de la inestabilidad políticos comienza a implantarse la escuela obligatoria, la libertad de prensa, laicidad… y dejará como consecuencia “la cuestión social” o el malestar de todas las clases producto del progreso material junto con la caída de los principios ético-sociales, con el consabido enfrentamiento entre clases… Es una época en que se presta especial atención a los progresos técnicos, con una gran fe en los beneficios de la ciencia y aquí surgen las famosas exposiciones universales, que comienza en Londres (Great Exhibition of the Works of Industry of All Nations, 1851) y en las que el anfitrión se dedica a mostrar su adelanto superioridad respecto a otros países. Francia le cogió gusto porque repitió en 1855, 1867, 1878 y por supuesto 1889, celebrando el centenario de la revolución francesa.

En 1884, recién decidida la nueva exposición a Koechlin y Nouguier imaginan una torre metálica de 300 metros destinada a ser el centro de atención de la exposición y aunque Gustave Eiffel dice no estar interesado en el proyecto, les permite continuar. Es Stephen Sauvestre quien dibuja una versión con un gran pie de mampostería y reduce las plataformas a dos. Este proyecto le debió agradar más a Eiffel, quien registra la patente con Koechlin y Nouguier y les compra los derechos y se dedica a emplear toda su energía en convencer a gobernantes, al público y en invertir dinero en su construcción.

250 trabajadores construyeron pieza a pieza la torre,  a partir de 5300 dibujos del ensamble, 18038 piezas de hierro y 2500000 remaches (de los cuales más de la mitad se realizaron en las fábricas de Eiffel en Levallois-Perret) y tardaron 2 años y dos meses (sólo hubo un retraso de 1 año y dos meses, es lo que tiene comprar sobre plano…), con dos huelgas entre medio (Eiffel se negó a pagar “por alturas, ya que argumentaba que el peligro era evidentemente el mismo a 50 metros y a 200 metros de altura) y sin ningún accidente mortal (Bueno, murió uno en domingo haciendo equilibrios para enseñarle a su novia según dicen). Tanta pieza le dio el nombre de “Meccano gigante”.

Construido ya este llamado “monstruo de acero” se convirtió en el edificio más alto del mundo (hasta que fue superada por el edifico Chrisler de Nueva York en 1930) y de 32 millones de asistentes a la exposición sólo subieron 2 millones (los 28922 de la primera semana además lo hicieron a pie porque aún no funcionaban los ascensores). Tras la exposición pierde mucho interés a pesar de bajar el precio de las entradas, y de la nueva exposición en París de 1900, haciendo peligrar la subsistencia de la torre y volviendo los rumores de desensamblaje…

Pero 1898 Eiffel financia un proyecto en el que se instala una antena en la torre para comunicación telegráfica sin hilo que en el siglo XX dará lugar a la emisión de radio y televisión. Su altura supuso una gran ventaja en la emisiis, tras los 60 y con el boom del turismomo ya sabn nstala una antena para comunicaci0) y de 32 millones de asistentes a la expoón recepción y espionaje de mensajes en la primera y también en la segunda guerra mundial, lo cual además de garantizar su supervivencia afianzó su mejor imagen y en 1924 es declarada monumento nacional y en 1987 patrimonio de la humanidad. Como ya sabéis, tras los 60 y con el boom del turismo internacional será ya un símbolo nacional, pasando de 6 millones de visitas anuales (van unos 236 millones de visitas).

Sobrevivió al desprecio, sobrevivió a dos guerras mundiales, incluyendo un incendio provocado por las autoridades alemanas en 1994 y parece que soporta mucho más que bien las hordas de turistas hoy en día que se agolpan los primeros minutos de cada hora para ver el espectáculo de luces que produce.

Una curiosidad: la altura de la torre es de 324 metros, pero como es metálica los cambios de temperatura varían esta altura unos 12 centímetros según el tiempo.

 


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